El Pelourinho

Inmensas eran mis ganas de conocer Salvador de Bahía. Aprovechando estos meses que llevo viviendo en São Paulo y luego de haber finalizado el semestre facultativo en la USP, emprendí junto a mi novio un viaje de 10 días a Bahía que se repartieron entre la ciudad de Salvador y las playas de Morro de São Paulo (algunas postales de Morro aquí).

Salvador fue fundada en el año 1549 y fue la primera capital de Brasil. De ese antiguo Salvador aún pueden encontrarse huellas desparramadas por su malla urbana y varias de ellas en el barrio histórico del Pelourinho, también conocido como el Pelô.

Construido en la parte alta o cidade alta de Salvador, con sus calles de adoquines, casas coloridas –varias renovadas y otras en pleno derrumbe–, iglesias, plazas y algunos patios internos, conforma un paisaje urbano único que emana aires de otros tiempos.

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Entre subidas y bajadas uno se va adentrando por esas callejuelas que lo componen, mezcla de maqueta armada e identidad bahiana. El nombre de Pelourinho se lo debe al pasado que encierra Salvador como puerto de entrada más importante de esclavos provenientes de África: el pelourinho era una columna puesta en plena plaza pública donde castigaban a los esclavos.

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Las edificaciones datan de los siglos XVII y XVIII, muchas con un fuerte estilo barroco-portugués. De colores, con detalles en blanco, barandas con macetas y flores, puertas altas de madera. La mayoría fueron revitalizadas en los años 90, luego de que el Pelourinho sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en los 80. Lamentablemente el mantenimiento y las restauraciones no fueron continuados de forma permanente y hoy en día se nota cierto abandono de la zona.

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Es recomendable dedicarle prácticamente un día entero a recorrer el Pelourinho a pie, para poder caminar cada una de sus encantadoras calles, conocer las iglesias que allí se encuentran, aprovechar alguna presentación musical o de capoeira, degustar las especialidades culinarias bahianas, entre otras posibilidades.

Se puede caminar la Ladeira do Carmo, pasando por las Escadas do Carmo hasta llegar al Largo do Pelourinho. Además de pequeñas tiendas de souvenirs, pueden encontrarse en el camino algunos ateliers con cuadros coloridos y otras obras. Vale la pena ingresar a alguno para poder ver cómo son las casas por dentro; algunos inclusive tienen sus fondos con vista directa al mar.

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En el Largo do Pelourinho se observa de un lado la Iglesia Nossa Senhora do Rosário dos Pretos, que tiene en su fachada símbolos relacionados al candomblé, y al frente la Fundação Casa de Jorge Amadoreconocido escritor bahiano (tengo leído hasta ahora “Capitanes de arena”, recomendable!). Como visitamos Salvador a mediados de julio, todas las calles del Pelourinho aún conservaban los banderines y la decoración típica de las festas juninas.

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Se puede continuar por la Alfredo Brito hasta llegar a la plaza Terreiro de Jesús, pasando por el edificio de la Facultad de Medicina hasta llegar a la Catedral Basílica. Frente a la plaza también hay un local muy frecuentado por locales y turistas conocido como O Cravinho, que ofrece una bebida alcohólica única especialidad del lugar (justamente de nombre cravinho) y otras varias.

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En el Pelourinho también es aconsejable visitar el Convento y la Iglesia de San Francisco, con su interior de oro y un patio interno con pasajes bíblicos en mosaicos, y admirar el frente de la Iglesia de la Orden Tercera de San Francisco, con su imponente fachada barroca. Frente al Convento se encuentra la heladería Le Glacier Laporte, una de las mejores de Salvador según nuestro guía de lujo, un conocido de mi novio que nos mostró Salvador de la A a la Z (pueden leer un post de heladerías en Salvador aquí).

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El recorrido puede continuar caminando hasta la Praça da Sé, plaza en forma de “L” donde antes yacía una iglesia y desde donde se tiene una buena vista de la ciudad baja, el puerto y el mar, para luego seguir hasta la Praça Thomé de Souza¸donde se encuentra el Palácio Rio Branco y el Elevador Lacerda, un ascensor que comunica la cidade alta con la cidade baixa. A esa altura de la cidade baixa se ubica el conocido Mercado Modelo.

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Más allá de los lugares mencionados, creo que el verdadero recorrido por el Pelourinho tiene que ser simplemente dejarse llevar por sus calles, observando esas casas color pastel, de maqueta e historias, intentando percibir como los bahianos viven este sector de la ciudad entre tanto turista. Escuchando tambores sonando desde un balcón, charlar con algún vecino, entrar a alguna de esas plazas internas que esconde y no dejarse apabullar por el acoso constante de las personas que quieren venderte artesanías o atarte una cintita de la Iglesia de Bonfim a toda costa.

Hay que caminar, caminar el Pelourinho.

 

 

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