Siempre se vuelve a Buenos Aires

Hace una semana que volví a Buenos Aires. No es la primera vez que vuelvo y dudo que sea la última.

Con 19 años viví todo el 2006 en Alemania, pasé tres meses del 2008 nuevamente en Alemania, luego otros tres meses del 2011 entre Alemania y destinos europeos y ahora los seis meses en Brasil. Siempre volví a Buenos Aires, siempre vuelvo.

La pregunta que se repite: “¿Y, cómo te trata la vuelta?”

“Por dónde empiezo…”, pienso para luego responder un “bien” porque toda respuesta sería insatisfactoria, tanto para mí como para el interlocutor que quiere saber.

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Tuve vueltas revueltas, en otras sufrí shock cultural. Una vez pasé meses sin saber dónde estaba, sin encontrarme.

Esta vez es distinto, siempre lo es. No sé si aún sigo flotando en pleno vuelo o si me tomé muy en serio el paréntesis en el que estoy viviendo (¿será que es un paréntesis?).

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Me sorprende escuchar español en la calle, el sábado no recordaba cuánto costaba el boleto del colectivo y en mi casa vive Rocco, el nuevo integrante de la familia que llegó un día antes de que yo partiera en febrero para São Paulo y ahora todas las mañanas me trae una botella de plástico masticada para que juguemos.

Hoy viajé en el subte de la línea B que tomé casi a diario durante los últimos seis años y pensé que después de la estación Carlos Gardel venía Callao. Tuve que buscar mi ropa de invierno porque en mi placard sólo había de verano y cuando me dieron un vuelto con una moneda de dos pesos, miré sorprendida como si nunca antes la hubiese visto.

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Fui a tomar un café con mi mamá y cuando iba a pedir casi lo hago en portugués. ¿Alguien más se dio cuenta que en Buenos Aires la luz del mediodía en invierno es muy tenue y no muestra bien los colores?. Qué ricas son las milanesas de carne y los alfajores de maicena. De la canilla sale agua caliente para lavar los platos.

No hay papaya en las mañanas ni tampoco puedo llamar a mi novio desde el celular (nuevamente, volvemos al skype). Los pesos son pesos, no puedo confundirme y decir reales porque quedo como una hueca. Mi ritmo al caminar está muy poco porteño y el frío es frío.

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¿Ahora comprenden por qué respondo sólo “bien” cuando me indagan sobre cómo me trata la vuelta a Buenos Aires?

 

Es un poco de todo esto volver (y más). Al menos éste volver. 

 

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