Las cintitas de Bonfim

¿Cuántas veces vi esas cintitas coloridas antes de viajar a Salvador de Bahía? ¿En cuántas muñecas, en cuántas valijas, en cuántas mochilas, en cuántos armarios? Anudadas y flameantes con su leyenda “Lembrança do Senhor do Bonfim da Bahia” (“Recuerdo del Señor de Bonfim de Bahía”). Rosas, amarillas, naranjas, blancas. Algunas más brillantes, otras gastadas y deslucidas por el tiempo. Azules, verdes, violetas, rojas. Uno de los símbolos de la capital bahiana, además del Pelourinho.

La Fita de Bonfim (cinta de Bonfim) original data del año 1809 y contaba con exactamente 47 centímetros de largo que era la medida del brazo derecho de la escultura del Señor de Bonfim, ubicada en el altar mayor de la iglesia que lleva su nombre. Por eso también se conoce a esta fitinha con el nombre de “medida de Bonfim”.

En un comienzo las cintas eran de seda con el nombre del santo bordado y usadas alrededor del cuello como collar, colgando de ellas medallas e imágenes religiosas. Cuando el Señor de Bonfim cumplía con un pedido, los fieles llevaban a la Iglesia una foto o una escultura de cera de la parte del cuerpo curada por el santo y a forma de recordatorio, compraban una de esas cintas para siempre tener presente a la Iglesia de Bonfim.

Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim

Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim

¿Cómo esas primeras cintas se volvieron el souvenir de moda para decir y mostrar “yo estuve en Salvador”? ¿Cómo se volvieron una forma de pedir deseos hechos nudos? ¿Cómo comenzaron a ocupar las verjas de entrada de la Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim?

No hay respuestas precisas. Por lo que pude preguntar y leer, ya para 1960 se comenzaron a comercializar en la ciudad en el formato que hoy en día se conocen y pasaron a ser parte del outfit de la entonces comunidad hippie que vivía en Salvador. Sus colores actuales simbolizan cada uno a un Orixá diferente (los Orixás son ancestros divinizados africanos que corresponden a puntos de fuerza de la naturaleza), ya muy lejos del amuleto religioso católico primero. Del uso como collar, pasaron a anudarse en las muñecas y cada uno de los tres nudos que deben darse, es un deseo a la espera de ser cumplido cuando la fitinha se desate por el propio desgaste natural (a diferencia de las primeras, que eran adquiridas cuando el pedido ya había acontecido).

Fitas do Senhor do Bonfim

Me resulta interesante este cambio de práctica, de simbología. Me hace pensar en la cantidad de cosas que hoy en día consumimos, practicamos y desconocemos su procedencia, su paso por las costumbres y usos que las popularizaron. Cómo llegaron a nosotros, lo ahistórico resignificado.

Sólo basta mirar el frente de la Iglesia de Bonfim y ver la cantidad de cintas de colores anudadas en sus verjas. Deseos-nudos. O atadas en más de una muñeca por el simple hecho de que son “lindas”, desconociendo lo que cargan en el cuerpo. Más promesas.

Me pregunto cuál será su significado actual y sólo siento vacío comercial. Son cintas vueltas estandarte de una ciudad y objeto de moda. En los negocios de souvenirs, con los vendedores ambulantes y con cada uno de los compradores. Venta por mayor. ¿No deberíamos tomar conciencia de nuestras prácticas y de los objetos que consumimos? ¿Cuántos sabemos que el color de las cintas representa un Orixá? ¿Cuántos conocemos que antes eran un amuleto católico adquirido por un pedido ya cumplido? Quizás me equivoque, quizás cada uno de los nudos fue hecho sabiendo y vuelto práctica consciente. Quizás sólo un deseo que quiere ser cumplido y encontró ese medio para ser expresado. O quizás la fitinha fue anudada para la foto o para ser llevada en la muñeca y decir “yo estuve ahí”.

 

Igreja do Bonfim
Largo do Bonfim – Cidade Baixa
Salvador, BA

 

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Fitas do Senhor do Bonfim

Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim

Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim