Viajar a Morro de São Paulo – Parte II

Si en el primer post intenté resumir Morro y sus playas (aquí podrán leerlo), en este segundo trataré de dejar una impresión general de la otra cara de Morro de São Paulo: su vila.

Morro de São Paulo fue fundada en el año 1535 por portugueses y al igual que el resto de la Ilha de Tinharé, desempeñaba un lugar estratégico en la protección y comunicación por estar tan cerca de la costa de Salvador (algunas postales de la ciudad aquí), que en esos años ocupaba el centro neurálgico de la entonces colonia. Es por eso que a pesar de ser un pequeño poblado, cuenta aún hoy con monumentos históricos relevantes de la época colonial (como lo son el fuerte, el arco de entrada, fuentes de agua). Lamentablemente muchos de ellos no fueron bien preservados y notase un claro deterioro.

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Quien visite Morro en estos días del siglo XXI encontrará una postal un tanto diferente: desde ya hace algunos años, Morro de São Paulo se ha vuelto un enclave turístico clave dentro de Bahia, lo que provocó un abrupto y, a mí entender, poco planificado crecimiento. La vila central turística (vendría a ser lo que se conoce como centro) se limita a unas pocas calles repletas de restaurants, locales que venden souvenirs, supermercado, farmacia, varias pousadas y negocios de ropa. Parece un amontonamiento de cemento donde personas y más personas caminan a toda hora del día. En ese sector central y más cercano a las playas se pueden encontrar pocos rastros de lo que antiguamente era Morro e inclusive hay una marcada ausencia de vegetación en comparación al resto de la isla.

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Cerca de la entrada al poblado, existe una plaza central donde a la noche se pueden encontrar algunos puestitos con artesanías y también opciones de comida al paso, como tapioca y acarajé. Ese espacio opera como centro organizador del trazado de este pueblo-ciudad: de allí nace un camino al puerto de entrada (con una gran escalinata), otro a la peatonal central que funciona como núcleo del centro turístico descripto en el párrafo anterior y que va en dirección a las playas, y un tercer camino –la Rua da Fonte Grande– que lleva a otro sector de la vila con menos movimiento turístico.

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Desandando la Rua da Fonte Grande que, como ya dije, nace en la plaza (es fácilmente reconocible por el arco de piedra que corona el camino y por la antigua casona que está a su lado), se llega a un sector más apartado de la vila, donde existe un espacio menor en el que se ubica justamente una gran fuente de agua que fue construida en el período colonial y servía para abastecer a toda la isla. En esa parte de Morro, y si uno continua alejándose de la vila central turística por los caminitos que se encuentran allí desparramados, la urbanización comienza a cambiar y se entra en la zona donde viven la mayoría de los moradores del pueblo, alejados de los turistas que están de paso.

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Desde la Fonte Grande se puede seguir por una trilha (sendero) que lleva hasta el poblado de Gamboa u otro camino que continúa adentrándose en la isla. La vegetación exuberante de este apartado de Morro contrasta con la urbanización que hay en la vila central turística, donde casi no se perciben árboles ni verde. Hay más naturaleza, menos amontonamiento y el movimiento de personas decrece. En algunos senderos pueden hallarse pousadas pero en menor concentración comparando con la zona de las praias. Caminando y con un poco de suerte como fue en nuestro caso, pueden encontrar entre tanto mato alguna familia de monos saltando de rama en rama y colgándose de los cables de luz, o pájaros de colores brillantes y loros.

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Para volver a las praias, puede andarse otro sendero que nace cercano a la gran fuente de agua y que va paralelo a la Rua da Fonte Grande y a la rua principal de la vila central turística: la Rua Biquinha. Está cercada de vegetación, con pocas casas a sus lados y es mucho más tranquila que el resto de las calles. Además cuenta con otra antigua fuente de agua y da la impresión de mostrar cómo habrá sido Morro de São Paulo varios años atrás.

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A la hora del atardecer, puede visitarse el fuerte que está ubicado en el extremo norte de Morro de São Paulo o bien subir el morro donde se alza el faro.

El fuerte y la muralla a continuación se terminaron de construir en el año 1728. Aún quedan algunas estructuras en pie y es un hermoso lugar desde donde puede verse el poner del sol sobre el horizonte del mar. También en ese sector de la bahía suelen observarse delfines pescando (nosotros pudimos ver sólo dos una tarde que estuvimos allí).

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En cuanto al faro, hay un camino que sale del puerto para llegar hasta él y dos senderos que se abren: uno lleva hasta la punta desde donde se tiene una vista para las playas de Morro y, para quien guste de adrenalina, hay una tirolesa que cae en el agua de la Primeira Praia; y el otro sendero termina en un mirador con vista al mar, ideal para sentarse al atardecer.

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Para finalizar quiero dejarles una recomendación gastronómica: Papoula.

Es un restaurant artesanal a pocos metros de la Fonte Grande con unos platos riquísimos, abundantes, a un muy buen precio (rondan los 15 reales) y de excelente calidad. Ofrece opciones vegetarianas, también con carne y pollo, jugos frescos, mermeladas y ricos postres. Nosotros probamos una Moussaka que vino acompañada de ensalada y arroz integral (se puede elegir entre arroz blanco e integral), y de postre una tarta de manzana. En comparación con el resto de lugares donde comimos y sumado a la cálida atención por parte de su dueña Christina., Papoula fue para nosotros la mejor opción en Morro de São Paulo! Aquí les dejo su Facebook.

Más información sobre Morro y sus playas en Viajar a Morro de São Paulo – Parte I

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